sábado, 2 de enero de 2010

Cada día que pasa . . .

Cada día que pasa, admiro más a mi mamá.

Hace un mes que mi mamá se fue.

Y con cada día que pasa me queda más claro que ella sabía perfectamente lo que quería. También sabía cómo lo quería.

Con todo cariño y cuidado movió los hilos para que las cosas se fueran acomodando. Dios así lo permitió . . . y ella estuvo consiente de eso en todo momento del proceso.

Habiendo tenido al principio todo los hilos en la mano, hoy voy entendiendo cómo fue dejando que uno por uno siguiera su propio curso.

Mi mamá no fue una persona de encargos. Y de la misma manera que siempre lo procuró, al final del camino hizo lo necesario para dejar detrás hombres y mujeres libres, sus hijas e hijos . . . lo que siempre consideró su más preciado tesoro. Y con toda madurez los dejó ir.

Cada día que pasa admiro más a mi mamá.

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