sábado, 20 de junio de 2009

IN MEMORIAM

El 13 de mayo de 2009 llegó a nuestra casa una bolita de pelos hirsutos entre blancos, café y negros. Por unanimidad, y en honor a La Bellota, la bolita que ladraba se llamó Mojo jo jo, como su archienemigo en la caricatura.

Pensando que El Mojo vendría a ser un juguete para La Bellota, con sorpresa comprobamos que era todo lo contrario y La Bellota acabó convertida en el juguete preferido de El Panzón.

Era un animal regularmente feliz. Su día consistía en correr tras La Bellota, fingirse derrotado cuando ésta respondía los ataques (de juego), comer y domir. Corría, subía y bajada desniveles con alguna dificultad, ladraba y simulaba ser un depredador que merodeaba astutamente a su presa.

Sus ojos eran enormes, con algunas trazas de extravismo. Los colmillos eran como agujas hipodérmicas . . . pero siempre utilizados con ternura y cuidado.

Un día decidió irse a merodear presas mayores, de otro nivel. Se despidió de cada uno de nosotros con una mirada larga, profunda y negra, muy negra. Corrió por última vez detrás de la Bellota. Se dejó abrazar por Veva. Recibió las caricias de Beto con paciencia y agradecimiento. Corrió tras Pablo y le mordisqueó los dedos de los pies hasta que él lo cargó para acomodarse entre sus brazos y dormir un par de minutos, como de costumbre.

Y se fue de vuelta a casa.

En la madrugada del 19 de junio perdió la batalla contra el funesto fantasma llamado parvovirus.

No queda más que decir. Los recuerdos sobreviven al tiempo y derrotan al olvido. Lo extrañamos mucho, mucho, mucho. Se quedó sin estrenar su sencilla correa café. El collar se lo llevó puesto . . . y con él lo habremos de reconocer cuando nos reencontremos.

Nos vemos en casa, Mojo.